Madrid: clima tipo Marrakech en 2050, 55 días de calor extremo y caída del 16,4% del PIB per cápita

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El calor extremo que atraviesa España tiene una carta de futuro: un informe presentado hoy en Madrid por AXA Climate dibuja un panorama donde, si no se frenan las emisiones, la capital podría sufrir un clima comparable al de ciudades del norte de África antes de 2050. Las proyecciones combinan aumentos térmicos, más días y noches cálidas, y consecuencias palpables sobre la salud y la economía local.

La advertencia proviene de una aseguradora con historial de evaluación de riesgos, y su diagnóstico no es teórico: los modelos que maneja proyectan escenarios concretos y cuantificados para la Comunidad de Madrid si continúa el ritmo actual de emisiones de CO2.

  • Temperatura máxima: aumento previsto entre 5,2 °C y 5,5 °C para 2050, aproximando el clima madrileño al de ciudades como Marrakech.
  • Días y noches cálidas: más de dos meses con sensación térmica por encima de 33 °C; hasta 55 días adicionales con altas temperaturas y 62 noches cálidas por año.
  • Productividad y empleo: pérdida potencial de hasta un 16,4 % del PIB per cápita por el impacto del calor en la actividad económica; riesgo de pérdida de empleos y jornadas reducidas.
  • Salud: en el peor escenario, hasta 68.000 muertes adicionales en Madrid entre ahora y 2050 si no se implementan medidas de adaptación.

Impacto en economía y salud

La autora del estudio en AXA Climate advierte que el calor extremo no solo incomoda: reduce la capacidad productiva de los trabajadores y eleva la siniestralidad laboral. Según las estimaciones, un aumento de 4 °C puede traducirse en la pérdida de al menos media jornada laboral por semana para cada trabajador expuesto, y el riesgo de accidentes relacionados con condiciones térmicas podría crecer en torno al 17 %.

Con efectos acumulativos, esos descensos de productividad provocarían recortes de empleo y pérdidas económicas a corto y medio plazo. De hecho, el informe sitúa en alrededor de 7.700 los puestos de trabajo que podrían verse afectados en España antes de 2030 por la menor productividad vinculada al calor.

AXA Climate subraya que, aunque la cifra de mortalidad adicional proyectada a 2050 es alarmante, una combinación de políticas eficaces de adaptación podría reducir ese número casi catorce veces, lo que muestra cuánto puede cambiar el resultado con intervenciones oportunas.

Sequías, embalses e inundaciones

El informe describe un patrón dual: menos precipitaciones anuales en conjunto, pero episodios de lluvia más intensos. Eso implica una mayor exposición a inundaciones urbanas por lluvias torrenciales y, en menor medida, a desbordamientos fluviales en cauces como el Manzanares, Jarama o Guadarrama.

Al mismo tiempo, la frecuencia y duración de los periodos secos aumentarán la presión sobre los recursos hídricos. AXA Climate calcula que la demanda anual de agua podría pasar de ser tres veces a aproximadamente 4,5 veces la cantidad disponible, comprometida por la menor recarga de embalses clave como Valmayor o El Atazar.

La concentración del riesgo hídrico entre verano y otoño hace que la infraestructura de abastecimiento sea cada vez más vulnerable frente a sequías prolongadas.

Europa, y España en particular, ya registran aceleraciones del calentamiento: el continente se aproxima a un aumento medio de 2,5 °C sobre niveles preindustriales, mientras que la temperatura media en España ha subido cerca de 1,7 °C, con récords de calor que se repiten año tras año. Solo en la última década, los costos económicos atribuibles a eventos relacionados con la crisis climática en España superan los 20.000 millones de euros, golpeando con más dureza a los colectivos y sistemas más vulnerables.

Ante este escenario, el informe insiste en que es imprescindible actuar en dos frentes complementarios: reducir drásticamente emisiones mediante políticas de mitigación y, al mismo tiempo, reforzar infraestructuras, planificación urbana y servicios para aumentar la adaptación al calor y la variabilidad climática.

Las decisiones que se tomen en los próximos años determinarán si Madrid transita hacia un futuro con mayor resiliencia o hacia un clima urbano que altere de forma profunda la salud pública, la actividad económica y la disponibilidad de agua.

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