La Organización Mundial de la Salud alerta de que las olas de calor que afectan ya a Europa y otras áreas del hemisferio norte podrían empeorar dentro de meses, impulsadas por la probable activación de El Niño en la segunda mitad de 2026. La advertencia subraya un riesgo sanitario y logístico inmediato: sistemas de salud, cadenas alimentarias y poblaciones vulnerables podrían quedar bajo una presión mucho mayor si no se actúa con rapidez.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, situó el calor extremo como una de las amenazas derivadas del cambio climático con mayor impacto en la salud pública, atribuyendo al fenómeno cerca de medio millón de muertes anuales a nivel global. Desde la organización insisten en que muchas de esas muertes son evitables con medidas de prevención y preparación.
Teresa Zakaria, responsable de operaciones humanitarias en la agencia, advirtió que el episodio actual todavía no ha tocado techo. Las proyecciones para los próximos seis meses muestran temperaturas por encima de la media en la mayor parte del planeta; en algunas áreas los incrementos podrían situarse lejos de los valores habituales para esta época, poniendo a prueba infraestructuras y servicios esenciales.
Riesgos inmediatos y acciones prioritarias
El calor no solo aumenta la mortalidad directa por golpe de calor: agrava enfermedades crónicas, reduce la disponibilidad de agua potable y eleva el estrés sobre hospitales y cadenas de suministro energético. También modifica el patrón de fenómenos extremos vinculados a El Niño, como lluvias torrenciales y sequías, que pueden multiplicar la complejidad de la respuesta.
- Grupos en mayor riesgo: personas mayores, niños, embarazadas, pacientes crónicos y trabajadores expuestos al sol.
- Impacto sobre servicios: hospitales saturados, dificultades para almacenar y distribuir medicamentos, y cortes de energía que complican la atención.
- Medidas urgentes: garantizar acceso a medicamentos e hidratación, activar planes de calor locales, proteger a las poblaciones desplazadas y reforzar la vigilancia meteorológica y sanitaria.
- Acción multisectorial: coordinar recursos públicos y privados para asegurar producción de alimentos y resiliencia en redes críticas.
El llamado de la OMS es claro: existe una «ventana crítica» para anticiparse. Si las autoridades y gestores no toman medidas preventivas en las próximas semanas, los efectos podrían ser mucho más difíciles de mitigar cuando El Niño alcance su máximo alcance.
El meteorólogo José Miguel Viñas, de Meteored, describe a El Niño como un proceso que ya se ha iniciado y que tenderá a intensificarse. Según Viñas, el mayor efecto térmico y la redistribución de las precipitaciones se harán patentes hacia finales del verano y durante el otoño; para 2027, advierte, las anomalías podrían ser aún más acusadas.
Para países como España y el conjunto de Europa, esto significa un año con temperaturas medias por encima de lo habitual y una mayor probabilidad de olas de calor más frecuentes y severas. Las consecuencias prácticas incluyen mayores costes sanitarios, impacto en la productividad laboral y riesgos para la seguridad alimentaria en regiones vulnerables.
La OMS ha confirmado que mantendrá la monitorización de los efectos del calor a escala global, y pide a gobiernos y organizaciones humanitarias que activen planes de contingencia ahora, no cuando la situación se deteriore.
En lo cotidiano, expertos recomiendan prestar atención a avisos meteorológicos locales, priorizar la protección de personas vulnerables y revisar los planes municipales de respuesta al calor. La preparación hoy puede reducir el daño mañana.

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