Desde 2025, las escuelas suecas han dejado de estar obligadas a incorporar ordenadores y tabletas en las aulas: el Gobierno impulsa un retorno al papel tras detectar un descenso en los niveles de lectura entre adolescentes. La medida, respaldada por datos internacionales y por expertos en neurociencia, busca recuperar competencias básicas; sus efectos sobre la preparación digital de los estudiantes y el ecosistema tecnológico del país ya generan debate.
Los resultados del estudio PISA 2022 mostraron una caída notable en la comprensión lectora de los estudiantes de 15 años en Suecia, situando cerca del 24% por debajo del umbral básico. Ese retroceso fue el detonante para que la administración anunciara un plan estatal que prioriza materiales impresos en la enseñanza primaria y la revisión del currículo con vistas a 2028.
¿Qué propone el plan estatal?
El programa, bautizado informalmente como De la Pantalla a la Carpeta, incluye una inversión pública de más de 2.100 millones de coronas suecas —aproximadamente 190 millones de euros— para reintroducir libros de texto y guías docentes en formato físico. La estrategia no supone una prohibición absoluta de la tecnología: el Ejecutivo mantiene el uso de herramientas digitales en niveles superiores y en asignaturas concretas, según fuentes gubernamentales.
Los responsables argumentan que la expansión rápida de dispositivos en las aulas se produjo sin objetivos pedagógicos claros, y que la lectura continuada en pantallas podría dificultar la comprensión profunda y el procesamiento de la información en edades tempranas.
Reacciones de la industria y del mundo académico
Empresas y asociaciones del sector tecnológico han mostrado preocupación por las consecuencias a medio plazo. La patronal Swedish EdTech Industry advierte que una vuelta generalizada al papel puede dejar a los estudiantes en desventaja frente a un mercado laboral cada vez más digitalizado y afectar al ecosistema de startups educativas.
Por su parte, académicos y pedagogos piden matices: algunos aceptan que es necesario revisar el papel de las pantallas en etapas tempranas, pero reclaman mantener el acceso a herramientas digitales en cursos superiores y diseñar usos pedagógicos concretos que potencien, en lugar de sustituir, la alfabetización básica.
La profesora Linnéa Stenliden, de la Universidad de Linköping, advierte sobre el riesgo de que la medida aumente la brecha digital entre familias con distinto nivel de recursos y apoyo educativo en el hogar, especialmente si los padres no pueden complementar la formación de sus hijos fuera de la escuela.
Implicaciones prácticas para aulas y familias
La reforma afecta directamente al día a día en las aulas: más libros impresos, menos tareas que requieran pantallas en primaria, y una formación docente orientada a técnicas de lectura profunda y comprensión. Pero la extensión y el ritmo de la implementación variarán entre municipios, lo que puede generar desigualdades regionales.
- Inicio de la nueva normativa: aplicable desde 2025, con transición progresiva hasta 2028 para adaptar currículos.
- Financiación: más de 2.100 millones SEK para material impreso y desarrollo de guías docentes.
- Ámbitos afectados: prioridad en primaria y asignaturas lectoras; acceso digital conservado en niveles superiores y en asignaturas técnicas.
- Riesgos identificados: ampliación de la brecha entre hogares, impacto en el sector EdTech y posible desacople con demandas laborales futuras.
- Objetivo declarado: mejorar la comprensión lectora y recuperar habilidades básicas perdidas según pruebas internacionales.
Los defensores del giro enfatizan que no se trata de negar la utilidad de la tecnología, sino de regular su introducción en función de objetivos pedagógicos claros. Los críticos piden evaluación continua de resultados y flexibilidad para no comprometer la adquisición de competencias digitales esenciales.
En el plano internacional, el caso sueco plantea preguntas relevantes: ¿hasta qué punto la tecnología mejora el aprendizaje si su uso es indiscriminado? ¿Puede recuperarse la base lectora sin sacrificar la preparación digital de generaciones futuras? Las respuestas, por ahora, dependerán tanto de los datos que arrojen las próximas evaluaciones como de la capacidad de los responsables educativos para equilibrar formatos y métodos.

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