La reciente detección de una señal sísmica continua en el área de Las Cañadas del Teide, un fenómeno no registrado anteriormente en la isla, ha intensificado el interés en la actividad volcánica de Tenerife. Los organismos encargados de la monitorización han emitido un comunicado unánime: la isla presenta actividad volcánica activa, sin embargo, no existen señales que sugieran una erupción en el futuro cercano o mediato.

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El primer registro de esta señal ocurrió el martes 10 de febrero, entre las 08:40 y las 10:15 horas. Correspondió a una señal de baja frecuencia (2–10 Hz), de magnitud baja y no percibida por la población. Esta se localizó en la parte oeste de Las Cañadas a una profundidad de aproximadamente 12 kilómetros y fue captada por entre 10 y 15 estaciones sísmicas.

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En las primeras horas del día siguiente, miércoles, se identificó una nueva señal con características parecidas, aunque con menor amplitud y duración.

Tras el primer evento, el comité científico del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico de Canarias (PEVOLCA) se convocó de manera extraordinaria. Después de la reunión, Itahiza Domínguez, director en Canarias del Instituto Geográfico Nacional (IGN), explicó que no se trataba de un enjambre sísmico típico ni de terremotos aislados fácilmente identificables, sino más bien de una serie de pulsos superpuestos que en su conjunto podrían alcanzar una magnitud ligeramente superior a 2.

Los especialistas indican que este tipo de señales continuas generalmente se asocian con el movimiento de fluidos en las profundidades.

Más de 260 temblores menores desde el 7 de febrero

La ubicación preliminar de estas señales coincide con el área donde, desde el 7 de febrero, se ha detectado un enjambre de más de 260 pequeños terremotos en la parte suroeste de la caldera, con focos entre 8 y 12 kilómetros de profundidad y una magnitud máxima de 1,7 (Ml).

El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcán), adscrito al Cabildo de Tenerife, ha contextualizado estos eventos dentro de un proceso de presurización y circulación de fluidos hidrotermales a profundidad. Este fenómeno ha sido el responsable de la mayoría de la actividad sísmica registrada en la isla en años recientes, según ha recordado el organismo.

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Este mismo mecanismo se ha observado en otros indicadores de monitoreo, como el aumento en la emisión difusa de dióxido de carbono en el cráter del Teide desde 2016, así como en la deformación del terreno, que ha registrado un desplazamiento de aproximadamente dos centímetros en los últimos tres años.

Involcán ha reiterado que Tenerife es un sistema volcánico activo, con seis erupciones históricas en los últimos 600 años, pero ha enfatizado que la actividad sísmica actual no sugiere un incremento en la probabilidad de una erupción en el corto o mediano plazo. No obstante, estos eventos subrayan que la actividad subterránea bajo la isla «continúa activa y, por ahora, no muestra signos claros de disminuir».

«Nos lo están diciendo a gritos»

En una entrevista con el periodista Jorge Morales de EFE, Itahiza Domínguez ha señalado que las señales anómalas registradas en la última década en Las Cañadas del Teide «nos lo están diciendo a gritos»: Tenerife es una isla con actividad volcánica significativa. Ha mencionado que la acumulación de magma bajo la corteza es un proceso que puede extenderse por años o incluso décadas. Recordó que en La Palma este proceso duró 15 años antes de la erupción, y en El Hierro, varias décadas.

Domínguez ha aclarado que en Tenerife no es posible confirmar si este proceso está ocurriendo actualmente, «pero no sería extraño que así fuera», y ha abogado por mantener una vigilancia constante.

Además, ha asegurado que no se están observando los patrones que precedieron a la erupción de La Palma en 2021: no hay una intrusión magmática ni un enjambre sísmico intenso que indique una erupción inminente. «Estamos en una fase muy inicial y es imposible saber si esto podría desembocar en una erupción a largo plazo. Pero lo que sí sabemos es que no es un fenómeno precursor que indique una erupción en el corto o mediano plazo», afirmó.

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Dónde podría ocurrir la erupción

El director del IGN en Canarias ha explicado que en Tenerife coexisten dos tipos de vulcanismo. El asociado al Teide, de tipo fonolítico, tiene una cámara magmática bajo la estructura volcánica y presenta una baja probabilidad de erupción. El segundo tipo, el basáltico, implica magma que asciende directamente desde el manto y ha sido responsable de las erupciones históricas en las dorsales noreste y noroeste de la isla, áreas que el mapa de peligrosidad señala con mayor probabilidad.

Si bien la zona sur no forma parte de una dorsal, posee un extenso campo volcánico monogenético entre Vilaflor y la costa, por lo que no se puede descartar completamente.

La literatura científica estima que la recurrencia de erupciones en Tenerife oscila entre 100 y 200 años. La última fue la del Chinyero en 1909. Domínguez recalca que estas cifras son aproximadas y recuerda que las estadísticas en geología tienen sus limitaciones.

Vigilancia y prudencia

El responsable del IGN en Canarias reconoce la dificultad de comunicar con transparencia sin causar alarma. «No podemos decir a la gente que todo está bien», señaló, aunque aseguró que hay margen para alertar a la población si se detectan señales claras precursoras, como terremotos perceptibles o deformaciones rápidas del terreno. Solo entonces, el semáforo volcánico cambiaría de verde a amarillo, decisión que corresponde al Gobierno de Canarias basada en los informes científicos.

Por el momento, el mensaje oficial es de vigilancia y cautela. «Decir exactamente dónde y cuándo ocurrirá la erupción es bastante complicado, no solo aquí sino en cualquier parte del mundo», concluyó Domínguez, quien ironizó sobre aquellos que han pronosticado erupciones inminentes durante años: «Me dicen: avísame si pasa algo. Ojalá fuera tan fácil».