Elon Musk ha establecido un nuevo desafío. En esta ocasión, no se trata de colonizar Marte ni de saturar la órbita terrestre baja con satélites de telecomunicaciones, sino de algo más cotidiano y al mismo tiempo más ambicioso: mover la infraestructura física de la inteligencia artificial al espacio exterior. Imagine centros de datos completos, incluidos GPUs, sistemas de enfriamiento y suministros de energía, orbitando alrededor de la Tierra y obteniendo su energía directamente del Sol.
Lejos de ser una simple retórica o ficción científica, Musk ha proclamado en público que “el espacio será el lugar más económico para desplegar IA” y ha establecido un plazo sorprendentemente corto para lograrlo: dos o tres años. Detrás de esta declaración se encuentra el mayor movimiento corporativo de su carrera. A finales de enero, SpaceX y xAI se fusionaron en una entidad valorada en 1,25 billones de dólares, el mayor acuerdo corporativo en términos de valor en la historia de los Estados Unidos, según reportó The Wall Street Journal.
El conglomerado resultante tiene un objetivo claro: posibilitar a nivel industrial la convergencia entre la tecnología de cohetes reutilizables y la computación en gran escala.
El verdadero desafío son la electricidad, no los chips
El argumento principal de Elon Musk es directo. La fabricación de chips está avanzando casi de manera exponencial, mientras que la generación de electricidad no lo está. Fuera de China, afirma, la capacidad eléctrica está casi estancada. “¿De dónde obtendremos la energía para alimentar todos esos chips?”, planteó recientemente en el pódcast Dwarkesh. Su respuesta no implica más turbinas de gas, ni la red eléctrica convencional, ni siquiera la instalación de paneles solares en desiertos: los permisos, las tarifas y los cuellos de botella de suministro lo hacen inviable a la velocidad que requiere la IA.
En la órbita, el problema se ve diferente. Los paneles solares operan sin interrupciones por la noche, nubes o atmósfera, con una eficiencia mucho mayor que en la Tierra y sin la necesidad de baterías. “En el espacio siempre es de día”, ha resumido Musk, con una de esas frases que parece diseñada para ser compartida en Twitter. A esto, añade un aspecto menos visible pero crucial: la regulación. Actualmente, enviar hardware al espacio es más rápido que construir infraestructura energética equivalente en tierra.
«Satélites de IA» y lanzamientos masivos
De acuerdo con documentos internos mencionados por el Journal, SpaceX ya ha logrado avances técnicos importantes para desplegar centros de datos en órbita y ha priorizado el lanzamiento de “satélites de IA”. La estrategia es similar a la de Starlink: producción en masa, costos marginales decrecientes y una plataforma de lanzamiento propia. El cohete Starship, que aún se encuentra en desarrollo, sería el pilar central de esta estrategia.
Musk ha descrito un escenario donde se realizarían miles de lanzamientos al año para poner en órbita cientos de gigavatios de capacidad de cómputo, una cantidad que hoy en día excede el consumo eléctrico medio de muchos países. En cinco años, ha estimado, la cantidad de IA operativa en el espacio podría superar anualmente a la acumulada en la Tierra.
Máximo riesgo, máxima ambición
La fusión entre SpaceX y xAI redistribuye tanto riesgos como poder. Los inversores de xAI reciben alrededor del 20% de la nueva compañía; los de SpaceX, por su parte, asumen la exposición a un negocio de IA que algunos comparan con la burbuja de las dotcom. Musk mismo ha admitido que se trata de una apuesta por una tecnología no probada a una escala sin precedentes.
No es la primera vez que este emprendedor toma tales riesgos. Pero en esta ocasión, el objetivo es tan grande como el desafío técnico: no solo ofrecer servicios de lanzamiento o modelos de lenguaje, sino convertirse en el principal “hiperescalador” de la IA a nivel mundial, con una infraestructura propia fuera del alcance de las redes eléctricas, permisos locales y, en gran medida, de los gobiernos.
Al parecer, su reciente salida de la Casa Blanca ha dejado a Musk con tiempo para desarrollar su proyecto más ambicioso. Por ahora, el plan solo existe en papel, en presentaciones a inversores y en declaraciones públicas. La empresa espera salir a bolsa este verano. Si el mercado responde favorablemente, el próximo centro de datos de Musk podría no tener una dirección postal, sino coordenadas orbitales.

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