«Es desalentador que se preste atención a alguien solo cuando se materializan los peligros que ha advertido, y más aún cuando no poseo una bola de cristal y solo advierto sobre riesgos que se podrían evitar. Es triste que no se tomen medidas para prevenirlos». Estas palabras provienen de Antonio Turiel, reconocido divulgador e investigador en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, ubicado en Barcelona.

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El verano pasado, como muchos otros expertos, alertó sobre cómo las altas temperaturas en el Mediterráneo podrían desencadenar DANAs extremadamente peligrosas, lo cual efectivamente sucedió. Turiel también ha señalado repetidamente el riesgo de colapso en la red eléctrica debido al creciente uso de energía fotovoltaica y eólica, las cuales pueden generar inestabilidad ante cambios meteorológicos. Aunque muchos expertos afirmaron que un apagón era improbable, finalmente ocurrió, y Turiel sigue insistiendo en la fragilidad del sistema.

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«Lo que ha ocurrido es un problema de estabilidad del sistema. Es un sistema inestable y cualquier perturbación puede desencadenarlo, y eso es lo que ocurrió ayer. Hay que considerar que el apagón se produjo en un momento de máxima producción fotovoltaica. Lo que ha faltado, y lo que he estado mencionando durante años, es la necesidad de implementar más sistemas de estabilización en la red, pero eso implica un costo que no se ha querido asumir», explica.

Sin embargo, precisa: «No es simplemente un problema del modelo renovable. Eso sería una simplificación errónea del asunto. Es un problema de planificación y de la falta de sistemas de estabilización adecuados para prevenir situaciones como esta. Esto es el resultado de un modelo descontrolado».

Según Turiel, hay dos posibles explicaciones para lo sucedido ayer. «Una, que considero menos probable, pero no imposible, es que haya ocurrido un ciberataque y los hackers hayan manipulado masivamente los inversores de los paneles fotovoltaicos, que se controlan remotamente. Pero creo que la explicación más plausible es que ocurrió un fenómeno de resonancia no lineal y las inestabilidades de la red coincidieron en el peor momento posible. Es como si todos los pequeños osciladores del sistema resonaran juntos en la misma dirección. Creo que eso es lo que pasó aquí. ¿Por qué? Porque no hay estabilización. Esto es una advertencia de que necesitamos mejorar», aclara.

¿Quién debería mejorar la estabilización del sistema?, preguntamos.

«Es una responsabilidad compartida. En primer lugar, del legislador, que debe exigir estas medidas. Luego, del regulador, en este caso la Red Eléctrica Española, que debería imponer normas técnicas más estrictas. También las compañías eléctricas tienen un papel. Este problema hubiera sido menos grave si hubiéramos tenido centrales de gas de ciclo combinado operativas, pero estaban detenidas porque con los precios negativos no era rentable operarlas. El gran problema ahora es que en primavera, cuando la producción fotovoltaica es muy alta debido a la buena iluminación y temperaturas moderadas, los precios pueden caer a cero o incluso ser negativos. Ayer, en Holanda, el precio llegó a -250 € por MW hora. Una locura. Los operadores de centrales de ciclo combinado están muy frustrados por perder dinero y optan por detener completamente las operaciones, lo cual es un error porque reiniciar una planta lleva horas», explica.

Finalmente, Turiel también señala a la Comisión Europea como responsable: «Al final, están tratando de imponer un modelo que necesita ser reconsiderado. Aunque soy principalmente un divulgador, muchos técnicos lo están discutiendo en privado y no se les está prestando atención».

¿Cuál es el modelo que promueve la Unión Europea?, insistimos.

«El modelo que promueve es inherentemente inestable, resultado del enfoque de la Unión Europea que favorece masivamente la energía fotovoltaica y eólica sin la regulación adecuada para la estabilización», explica.

Según el científico, la inestabilidad es un problema en gran parte de Europa. «Alemania enfrenta muchos problemas de estabilidad, que intenta compensar utilizando los recursos hidráulicos de Suecia y Noruega. Hace unos meses, Noruega anunció que cortaría su conexión con el continente porque están cansados de que les vacíen los embalses. Incluso Francia, que depende más de la energía nuclear, enfrenta desafíos. ‘Nos estamos quedando sin uranio’, afirma.

Repensar el sistema

La solución que ofrece Turiel es clara y poco escuchada hoy en día. «Debemos reconsiderar el sistema eléctrico. Creo que debería ser público, porque el problema surge cuando se intenta lucrar con un servicio esencial. Esto es lo que sucede». Turiel considera que la energía podría ser más económica. «Cambiaría la estructura de precios, establecería una compañía pública que asumiera los costos de estabilización de la red. ¿Quemar gas? Pues sí, una cantidad moderada para mantener la estabilidad de la red», asegura.