Fernando Tejero ha contado que su primer ataque de ansiedad ocurrió durante el rodaje de Aquí no hay quien viva, y lo atribuye al ritmo agotador de las últimas temporadas. La revelación, hecha recientemente en el podcast 13 Cómplices, vuelve a poner sobre la mesa cómo las jornadas intensas en televisión afectan la salud del equipo técnico y artístico.
El actor relató que, en la recta final de la serie, el calendario se volvió extremadamente exigente: se llegaba a rodar un episodio en apenas tres días, con turnos continuos que a menudo superaban las 18 horas. Esa presión sostenida, dijo, terminó pasándole factura.

El episodio que recuerda con más claridad ocurrió de madrugada mientras filmaba una escena junto a Malena Alterio. A las cuatro de la mañana, comenzó a sentirse mal y, según su relato, no pensó en un problema físico relacionado con la comida: ocurrió de forma repentina y fue el primer síntoma de una crisis más grave.
Tras desvanecerse, Tejero fue atendido y trasladado en camilla, conectado y recibiendo suero. En sus palabras, aquello fue «horroroso» y lo definió como un auténtico ataque de ansiedad. Aun así, la respuesta del equipo de producción fue inmediata y práctica: lo interrogaron sobre su disponibilidad para seguir grabando al día siguiente.
- Programa: Aquí no hay quien viva
- Fuente: podcast 13 Cómplices (entrevista reciente)
- Momento: última temporada, jornadas de rodaje extremas
- Duración de las jornadas: hasta 18–19 horas; un capítulo en tres días
- Consecuencia: primer ataque de ansiedad del actor, atención médica en el set

La anécdota pone en evidencia dos cuestiones relevantes hoy: por un lado, las condiciones laborales que a menudo se normalizan en la producción televisiva; por otro, la urgencia de incorporar protocolos de salud mental en rodajes intensivos. Para muchos profesionales del sector, experiencias como esta no son aisladas.

Tejero admitió sentirse todavía conmovido al recordar lo sucedido, y su testimonio ha reavivado el debate sobre cómo equilibrar exigencias creativas y tiempos humanos de trabajo. Aunque el caso corresponde a una serie ya finalizada, su relato sirve como aviso para producciones actuales y futuras.
En la industria audiovisual hay movimientos hacia jornadas más sostenibles y mayor apoyo psicológico en los rodajes, pero la persistencia de relatos como este sugiere que el cambio es parcial y que queda camino por recorrer para proteger a quienes hacen posible la ficción televisiva.

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