Peste detectada en ADN: revela origen zoonótico y letal hace 5.500 años

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Un estudio publicado recientemente en la revista Nature sitúa el brote de peste más antiguo conocido hace unos 5.500 años en la cuenca del Lago Baikal, en Siberia, y muestra que esta enfermedad ya causaba mortalidad alta entre comunidades de cazadores‑recolectores. El hallazgo reescribe la cronología de las grandes epidemias humanas y plantea preguntas nuevas sobre cómo surgieron y se transmitieron enfermedades antes del Neolítico.

Los investigadores recuperaron el genoma más antiguo de Yersinia pestis hasta la fecha a partir de material dental y lo vinculan a entierros con un exceso de niños fallecidos, lo que sugiere un brote particularmente letal para las familias.

Qué encontraron los arqueólogos y por qué importa

Las excavaciones se desarrollaron en la región de Cis‑Baikal, a orillas del río Angará, donde el programa internacional Baikal Archaeology Project ha trabajado durante décadas. En cuatro cementerios del Neolítico Tardío los equipos detectaron un patrón inusual: un número desproporcionado de menores y adolescentes entre los fallecidos, sin signos de violencia o trauma que explicaran las muertes.

Al analizar ADN antiguo conservado en los dientes se identificó el patógeno responsable. Los autores del estudio —liderados por científicos del Centro de GeoGenética de la Universidad de Copenhague y con participación de paleogenetistas de Oxford— reconstruyeron una cepa muy basal de Yersinia pestis, anterior a cualquier otra documentada y estrechamente relacionada con el ancestro común de las variantes conocidas.

Ese hallazgo es relevante porque desafía la hipótesis larga convencionada: la idea de que las epidemias letales sólo emergieron con la agricultura y las poblaciones sedentarias. Aquí la evidencia apunta a un brote zoonótico en un grupo móvil y de baja densidad demográfica.

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Transmisión, víctimas y posible origen animal

El equipo propone que la infección podría haberse propagado por vía respiratoria, similar a la peste neumónica, ya que la cepa carecería de algunos genes necesarios para la transmisión por pulga típica de la forma bubónica. En las tumbas, las relaciones de parentesco reconstruidas indican entierros familiares y cuidado entre parientes, lo que habría favorecido la transmisión doméstica.

Los datos genéticos y etnoecológicos apuntan además a un reservorio animal local: las marmotas (Marmota sibirica). Estas especies son hoy reconocidas como hospedadores naturales de peste en la región y su manipulación —para alimentación o uso de pieles— habría sido una vía de salto zoonótico hacia humanos.

  • Fecha del brote: aproximadamente hace 5.500 años.
  • Localización: Cis‑Baikal, sur de Siberia (cuenca del Lago Baikal).
  • Patógeno: genoma basal de Yersinia pestis, el más antiguo conocido.
  • Reservorio probable: marmotas silvestres.
  • Transmisión sugerida: pulmonar (peste neumónica) entre humanos; no necesariamente por pulga.
  • Impacto demográfico: alta mortalidad familiar y notable mortalidad infantil.

Los autores enfatizan que la evidencia proviene de ADN antiguo extraído de molares y de un contexto arqueológico donde las prácticas de enterramiento permiten observar la afectación de familiares. Ese registro biocultural aporta una lectura conjunta de biología, conducta y organización social frente a la enfermedad.

Implicaciones para la historia de las enfermedades y para hoy

Este descubrimiento modifica la narrativa dominante sobre la emergencia de epidemias: enfermedades capaces de diezmar poblaciones no son necesariamente un subproducto exclusivo de la vida agrícola y urbana. La capacidad de un patógeno para provocar brotes masivos depende también de factores ecológicos y de contacto humano‑animal.

En términos contemporáneos, el estudio recuerda la persistencia de reservorios silvestres y la relevancia de la vigilancia zoonótica. Comprender cómo saltaron aquellas primeras variantes a los humanos ayuda a calibrar riesgos actuales: especies salvajes, prácticas de manejo de animales y cambios ambientales continúan siendo determinantes para el surgimiento de nuevas amenazas infecciosas.

Los investigadores citados en el trabajo subrayan además el valor de la paleogenómica para reconstruir dinámicas epidémicas antiguas: técnicas modernas de secuenciación aplicadas a restos óseos permiten fechar y caracterizar brotes que no dejan huellas visibles en el esqueleto, pero sí en el ADN que quedó atrapado en los dientes.

En definitiva, la investigación publicada en Nature abre un nuevo capítulo sobre el origen y las vías de propagación de la peste y recalca que la interacción entre humanos y fauna silvestre ha sido, desde tiempos remotos, un factor central en la historia de las enfermedades.

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