Durango volvió a convertirse en epicentro del cine del Oeste cuando la miniserie Texas Rising eligió sus paisajes para recrear el periodo posterior a El Álamo. Más allá del valor audiovisual, aquel rodaje dejó una huella económica y social que todavía se percibe en la región.
La relación entre Durango y las películas de vaqueros se remonta a varias décadas y ha convertido a sus desiertos y ranchos en escenarios recurrentes del género. Actores y producciones de renombre han aprovechado sus parajes; entre ellos se cuenta el paso de figuras legendarias como John Wayne.
La producción y su contexto
La miniserie de History Channel, estrenada en 2015, reunió a un reparto internacional —incluyendo a Bill Paxton, Jeffrey Dean Morgan, Ray Liotta, Brendan Fraser, Olivier Martinez y Cynthia Addai-Robinson— para dramatizar las secuelas de la batalla de El Álamo, la figura de Sam Houston y la formación de los Texas Rangers. Detrás del proyecto estaban Leslie Greif y Darrell Fetty, responsables también de la ambiciosa Hatfields & McCoys, producción que cosechó reconocimientos en los Emmy.
Si bien la serie logró llamar la atención por su escala y recreación, su recepción crítica fue variada: expertos señalaron imprecisiones históricas y estereotipos en la representación, algo que generó debate pese a tratarse de un título de History Channel.
Impacto económico en cifras
La filmación arrancó a inicios de junio de 2014 y se prolongó alrededor de 18 a 19 semanas. Según datos aportados por autoridades de turismo y productores locales, el rodaje generó una inyección económica estimada en 45 millones de dólares (aproximadamente 310 millones de pesos al cambio de entonces), con efectos directos e indirectos en diversos sectores.
- Personal local contratado: más de 9.000 extras.
- Caballos movilizados: alrededor de 5.000.
- Vehículos arrendados: unas 1.500 unidades para traslados.
- Semanas de rodaje: entre 18 y 19.
- Localidades intervenidas: 90 poblaciones en varios municipios, incluyendo Durango, Pueblo Nuevo, Nombre de Dios y Canatlán.
Una de las localizaciones más emblemáticas fue el antiguo rancho La Joya —vinculado históricamente a John Wayne— donde se erigieron sets temporales. Allí, un equipo de unas 90 personas trabajó durante cinco semanas en la construcción de estructuras con una inversión específica cercana a 3 millones de pesos.
Más allá del rodaje: empleo, turismo y visibilidad
La llegada de una superproducción de este tipo supuso puestos temporales en hoteles, restaurantes, transporte y servicios auxiliares, además de impulsar a proveedores locales. Para muchos negocios de la zona, la filmación funcionó como un estímulo económico puntual y como contenido promocional que atrajo interés turístico.
Durango ha sabido aprovechar su imagen como escenario occidental; sin embargo, la experiencia también muestra tensiones habituales: el beneficio económico coexiste con cuestionamientos sobre la fidelidad histórica y la manera en que se representan actores y comunidades en pantalla.
Hoy, a más de diez años del rodaje, la lección de Texas Rising sigue vigente: una producción audiovisual de gran escala puede reactivar economías regionales y poner en valor espacios rurales, pero plantea la necesidad de equilibrar interés comercial, patrimonio cultural y rigor en las narrativas.

¡Hola! Soy Alejandro, parte del equipo de MuyMac. Mi pasión por la redacción comenzó desde pequeño, cuando solía escribir historias locas y fascinantes sobre la naturaleza.