En una innovación histórica, el prestigioso torneo de Wimbledon, por primera vez en sus 148 años de existencia, ha reemplazado a los jueces de línea humanos por un sistema avanzado de inteligencia artificial. Este cambio ha causado un gran revuelo en su debut.
La controversia surgió durante el partido de octavos de final femenino entre Sonay Kartal y Anastasia Pavlyuchenkova, celebrado el domingo pasado. En un momento crítico del primer set, con el marcador 4-4, un revés de Kartal claramente salió, pero la tecnología falló en detectarlo y el árbitro principal decidió repetir el punto, que finalmente ganó Kartal. Tras perder ese juego, Pavlyuchenkova expresó repetidamente que se sentía «robada».
Posteriormente, se reveló que un operador había desactivado accidentalmente el sistema durante tres puntos, lo que se interpretó como un error humano. Sin embargo, este incidente no ha sido la mejor presentación para la tecnología, que ha sido criticada por varios jugadores en conferencias de prensa, quienes cuestionan su fiabilidad y dudan de varias de sus decisiones, aunque parece que ha llegado para quedarse.
Ya varios de los principales torneos del circuito ATP han adoptado sistemas automatizados como jueces. De los cuatro Grand Slams, dos, el Open de Australia y el de Estados Unidos, ya lo utilizaban, y ahora se les ha unido el abierto británico. El único que aún no lo ha adoptado es Roland Garros, argumentando que en la tierra batida es fácil distinguir el bote de la bola, aunque es probable que para 2026 el torneo francés también lo implemente.
El sistema empleado en Wimbledon es el ELC Live, una evolución del conocido Ojo de Halcón, que utiliza visión computarizada y modelado en 3D. Según Adrià Arbués, doctor en inteligencia artificial aplicada al deporte de la Universidad Pompeu Fabra, esta tecnología enfrenta tres desafíos principales.
«Los dos primeros desafíos son de la visión por computador, donde el sistema debe interpretar visualmente un partido de manera similar a un ser humano. Este proceso incluye la detección precisa del campo y sus líneas, la ubicación de los jugadores, y lo más complicado, el seguimiento de la bola, que se desplaza a gran velocidad y con trayectorias complejas», explica el experto.
Después de detectar estos elementos mediante un sistema multicámara, se procede a reconstruir en 3D la trayectoria de la bola usando datos capturados desde varios ángulos. Esto requiere una sincronización perfecta entre cámaras y algoritmos robustos para estimar con precisión el lugar del bote.
«El último desafío, quizás el más crítico, es convertir esa información visual en decisiones arbitrales automáticas. En el tenis, se establecen reglas basadas en umbrales y márgenes de confianza que determinan si una pelota está dentro o fuera. Estos sistemas han demostrado ser extremadamente fiables, con un margen de error de menos de tres milímetros, mejor de lo que podría hacerlo el ojo humano», enfatiza Arbués.
Por otro lado, Macarena Espinilla, catedrática en el Departamento de Informática de la Universidad de Jaén, menciona que hasta «la ráfaga de viento más inocente» puede descalibrar completamente el sistema. Explica que el Ojo de Halcón usa entre ocho y diez cámaras alrededor de la pista, pero para que el sistema funcione correctamente, estas cámaras deben estar bien calibradas y sincronizadas.
«Calibrar significa enseñarle a cada cámara cómo es el mundo real que observa. Cada cámara tiene su propio ángulo, altura y distancia respecto a la pista», relata Espinilla. «Si una cámara se mueve aunque sea un centímetro, por el viento, un tropiezo o una limpieza mal ejecutada, el modelo se desequilibra. Todas las cámaras deben registrar el mismo instante en perfecta sincronía. Un desfase de milisegundos puede hacer que el sistema falle en calcular correctamente la posición de la pelota, comparando imágenes de momentos diferentes», añade.
La tecnología en el deporte
Arbués señala que el tenis es un deporte «ideal» para este tipo de tecnologías debido a la ausencia de oclusiones y la facilidad de colocar cámaras estáticas que cubran toda la pista sin obstáculos. Sin embargo, recuerda que el críquet fue el primer deporte en implementar el Ojo de Halcón a principios de los 2000, utilizando esta tecnología para reconstruir virtualmente la trayectoria de la bola.
«En deportes como el baloncesto, donde la pista es más grande y hay que seguir a diez jugadores en movimiento constante, además de los árbitros, las revisiones siguen siendo mayormente manuales. Los árbitros detienen el juego y revisan las imágenes en vídeo, pues mientras las decisiones binarias pueden automatizarse con precisión, todo lo que requiere interpretación sigue siendo difícil de automatizar completamente», explica Arbués.
Arbués también menciona que es comprensible que haya prejuicios por parte de los jugadores hacia la tecnología, ya que cambia elementos familiares del entorno de juego, aumentando la incertidumbre y la sensación de pérdida de control.
Finalmente, Espinilla concluye que estas tecnologías aportan justicia, transparencia y rigor, pero recalca que no son mágicas: «Un sistema de visión por computador solo funciona bien si su entorno físico también lo está. La inteligencia de la máquina aún depende del cuidado humano, por lo que estos sistemas deben ser herramientas de apoyo y no sustitutos de las decisiones humanas».

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