Un grupo de investigadores del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) y del Departamento de Neurología del Hospital de Sant Pau en Barcelona ha logrado describir «con un nivel de detalle sin precedentes» cómo las alteraciones en la percepción visual afectan a las personas con enfermedad de Parkinson que sufren de alucinaciones. Este estudio, que se ha publicado en NPJ Parkinson’s Disease, ha examinado minuciosamente las etapas del procesamiento visual, identificando una secuencia específica de interrupciones en la actividad cerebral vinculadas a estos síntomas no motores.
La investigación, encabezada por Laura Pérez-Carasol, junto a los doctores Javier Pagonabarraga y Saül Martínez-Horta, proporciona una de las descripciones más detalladas hasta la fecha sobre los procesos neurocognitivos involucrados. Según un comunicado del hospital, las alucinaciones visuales son uno de los síntomas no motores más comunes y significativos en el Parkinson, presentándose incluso en etapas tempranas de la enfermedad.
Estas alucinaciones suelen presentarse de manera sutil, como sensaciones efímeras de presencia, figuras que se esfuman al observarlas directamente o sombras que se mueven por el rabillo del ojo. También pueden manifestarse ilusiones leves, como por ejemplo, ver rostros en objetos cotidianos. Aunque muchas veces los individuos son conscientes de que estas percepciones no son reales, su presencia indica que los sistemas cerebrales responsables de interpretar el entorno están comenzando a fallar en precisión y esto se asocia con un riesgo incrementado de deterioro cognitivo futuro.
Cartografía de la percepción cerebral
Para explorar este fenómeno, los científicos evaluaron a 93 pacientes con Parkinson sin demencia. Los sujetos participaron en una tarea de categorización visual, que consistía en decidir rápidamente si una imagen mostraba una cara, un objeto o un objeto que se asemejaba a una cara, mientras se registraba su actividad cerebral mediante electroencefalografía. Esta técnica permitió observar, milisegundo a milisegundo, cómo el cerebro forma una percepción, desde las etapas iniciales hasta los procesos de interpretación y revisión cognitiva.
Los hallazgos indican que las etapas iniciales del procesamiento visual no se ven alteradas. La señal P100, asociada con la recepción básica de la información visual, es normal en todos los grupos, lo que sugiere que aspectos como la nitidez, el contraste o el movimiento se perciben de manera similar. Las diferencias surgen más adelante, cuando el cerebro necesita organizar esa información y darle un significado.
Tres alteraciones consecutivas
La primera interrupción ocurre en la fase de codificación estructural, reflejada en la señal N170. En los pacientes con alucinaciones, esta señal se reduce significativamente, incluso sin deterioro cognitivo, lo que indica que las representaciones visuales iniciales son menos robustas. Basándose en esta frágil fundación, se produce un segundo desajuste: el incremento de la señal N300 sugiere que el cerebro intenta completar la percepción de manera prematura, imponiendo significados internos antes de tener toda la información visual disponible. Este fenómeno es aún más evidente en los pacientes con deterioro cognitivo leve.
La tercera alteración impacta la fase de supervisión y corrección de la interpretación, asociada a la señal P600. En los pacientes con alucinaciones, especialmente aquellos con deterioro cognitivo leve, esta señal está debilitada, dificultando la capacidad de revisar y corregir percepciones incorrectas y permitiendo que estas se mantengan con mayor persistencia.
Un primer paso importante
Según Javier Pagonabarraga, “estos indicios tempranos demuestran que el cerebro ya está enfrentando problemas para armonizar lo que recibe de los sentidos con los mecanismos internos que otorgan significado a la experiencia”. De forma similar, Laura Pérez-Carasol destaca que “si la representación visual inicial ya es débil o incompleta, el cerebro pierde la referencia sólida sobre la cual normalmente construye el significado”.
Los investigadores señalan que estos patrones neurofisiológicos identificados podrían llevar al desarrollo de marcadores objetivos para detectar cambios sutiles antes de que las alucinaciones se manifiesten claramente o antes de que el deterioro cognitivo sea evidente. El estudio, apoyado entre otros por la Fundació La Marató de TV3 y el Instituto de Salud Carlos III, también refuerza el rol del IR Sant Pau como centro líder en la investigación de los síntomas no motores del Parkinson y sugiere futuras estrategias para un seguimiento y una intervención más personalizados.

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