Humberto Campins, especialista en asteroides de la NASA, advirtió en Oviedo que aunque ningún objeto identificado representa hoy un peligro inminente para la Tierra, la humanidad debe prepararse activamente para futuros impactos. La relevancia es inmediata: en 2029 un gran asteroide pasará muy cerca del planeta y la respuesta que desarrollen agencias y gobiernos ahora definirá la capacidad de la civilización para afrontar amenazas similares.
Por qué importa ahora
En el congreso The Many Pathways to Spaces, Campins puso en contexto avances y riesgos: la ciencia ya puede detectar y calcular trayectorias, pero la defensa frente a un impacto exige sistemas operativos, cooperación internacional y ensayos reales. La idea clave es que la prevención no es teórica; se prueba y se mejora con misiones concretas y ejercicios conjuntos.
La defensa planetaria y la demostración DART
Durante las últimas décadas la NASA ha impulsado una red global de observación para localizar objetos cercanos a la Tierra y estimar su riesgo mediante escalas probabilísticas. Ese trabajo ha reducido la probabilidad de sorpresas, pero también ha mostrado la necesidad de preparar respuestas.

Una de esas respuestas es la llamada defensa planetaria, que incluye técnicas para desviar un cuerpo peligroso. En 2022 la misión DART demostró en la práctica que es posible alterar la velocidad de un asteroide mediante un impacto cinético, una maniobra que antes solo existía en la teoría y en películas.
Además, agencias de todo el mundo realizan simulacros periódicos —cada tres años según Campins— para acumular experiencia operativa y coordinar protocolos de decisión en caso de amenaza real.
Apophis: un sobrevuelo que todos verán
En abril de 2029 el asteroide Apophis, de alrededor de 375 metros de diámetro, cruzará a menos de 32.000 kilómetros de la superficie terrestre, una distancia inferior a la que ocupan muchos satélites de comunicaciones. El paso será lo bastante cercano como para observarlo a simple vista desde la Tierra.

Campins subrayó que no hay indicios de que ese encuentro modifique de forma peligrosa su órbita durante ese acercamiento; sin embargo, los científicos aprovecharán la oportunidad para estudiar cómo la interacción gravitatoria con nuestro planeta puede deformar o alterar un cuerpo de estas características.
Dos misiones, la OSIRIS‑APEX de la NASA (en la que participa Campins) y la sonda Ramses de la ESA, fueron citadas como herramientas clave para monitorizar a Apophis y obtener datos que mejoren los modelos de comportamiento de estos objetos.
Agua y materiales: por qué interesan los asteroides
Más allá del riesgo, los asteroides ofrecen recursos que podrían transformar las operaciones en el espacio. Campins recordó que la anterior misión OSIRIS‑REx detectó minerales hidratados en el asteroide Bennu, prueba de que es posible extraer agua de estas rocas.
El agua tiene un valor estratégico: puede descomponerse en hidrógeno y oxígeno para crear combustible orbital, lo que reduciría la dependencia del lanzamiento desde la superficie terrestre. También hay interés en metales y compuestos útiles para construir en el espacio, desde elementos industriales hasta materiales para infraestructura.
- Estado actual: no hay asteroides identificados con colisión inminente, según Campins.
- Pruebas tecnológicas: DART demostró que es viable cambiar la trayectoria de un pequeño cuerpo mediante impacto.
- Seguimiento: Apophis en 2029 será una oportunidad para observar efectos gravitatorios en tiempo real.
- Economía espacial: en 10–20 años se espera que la explotación de recursos comience a ser operativa.
- Preparación social: la defensa planetaria exige políticas, inversión y cooperación internacional continuada.
Las implicaciones prácticas son claras: asegurar la continuidad de la civilización a largo plazo no solo pasa por detectar objetos, sino por desarrollar capacidad técnica para desviar amenazas y por crear una logística espacial que reduzca costes y riesgos. El calendario es razonablemente corto: algunas soluciones ya se han probado, otras están en marcha, y el aprendizaje acumulado en los próximos años determinará la eficacia de la respuesta global.
Campins, desde su experiencia en la NASA, plantea una hoja de ruta pragmática: vigilancia constante, ensayos operativos reales y aprovechamiento de los recursos espaciales —sobre todo agua— para sostener actividades fuera de la Tierra. Ese enfoque combina la seguridad con oportunidades económicas y científicas que afectarán tanto a gobiernos como al sector privado en el futuro inmediato.

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