El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, ha filtrado duras críticas contra OpenAI, a la que acusa de montar una puesta en escena sobre la seguridad para justificar su reciente pacto con el Pentágono. La disputa toma relevancia inmediata: el Gobierno estadounidense acaba de señalar a Anthropic como un riesgo para la cadena de suministro, lo que complica las relaciones entre empresas tecnológicas, contratistas de defensa y reguladores.
El reproche aparece en un memorando interno de la compañía, difundido a la prensa, en el que Amodei cuestiona la veracidad y la eficacia de las salvaguardas que, según OpenAI, acompañan su acuerdo con el Departamento de Defensa.
En el texto, el ejecutivo plantea que OpenAI habría presentado el contrato como algo distinto a su objetivo real y que las medidas de seguridad anunciadas son, en gran parte, insuficientes. Amodei describe la maniobra como una estrategia destinada a proyectar una imagen de “gestión responsable” frente a la opinión pública y a los reguladores.
La respuesta del Gobierno y el trasfondo político
La polémica llega después de que Washington incluyera a Anthropic en una lista que obliga a los proveedores del Pentágono a certificar que no usan modelos desarrollados por esa firma. Fuentes dentro del sector interpretan la decisión como un intento por controlar riesgos técnicos, pero el memorando lo interpreta también en clave política.
Amodei sugiere que factores externos, como donaciones vinculadas a ejecutivos de otras empresas del sector, han influido en la evaluación gubernamental. Según él, esa dinámica habría pesado más que criterios técnicos en la decisión de excluir a Anthropic de ciertas cadenas de suministro.
La compañía, añade el documento, mantiene colaboraciones con agencias federales y asegura que sus modelos ya se aplican en entornos clasificados para tareas de análisis, simulación y ciberoperaciones.
Líneas rojas y limitaciones éticas
En el memorando, Anthropic reafirma su apoyo al uso de la inteligencia artificial en funciones de defensa, pero marca dos prohibiciones claras:
- Vigilancia masiva: la empresa considera incompatible con los principios democráticos el despliegue de IA para monitorizar de forma amplia e indiscriminada a la población.
- Armas totalmente autónomas: declara que los sistemas actuales no alcanzan la fiabilidad necesaria para actuar sin supervisión humana y que su uso podría poner en peligro vidas civiles y militares.
El documento advierte que la capacidad de la IA para consolidar grandes cantidades de información podría, si se utiliza sin controles, reconstruir perfiles personales a escala, algo que Anthropic no está dispuesta a facilitar.
Aunque el Departamento de Defensa habría pedido flexibilidad para “cualquier uso legal” de la tecnología, la compañía sostiene que no renunciará a esos límites por razones de conciencia y reputación.
Consecuencias prácticas y próximos pasos
Amodei asegura que, incluso si el Pentágono decide prescindir de Anthropic, su empresa facilitará una transición ordenada para minimizar efectos en operaciones militares y de planificación. Se trata de evitar rupturas operativas sin ceder en los principios que la firma considera fundamentales.
Las implicaciones son variadas y afectan a distintos actores:
- Contratistas del Departamento de Defensa: deberán certificar el origen de los modelos que usan, lo que puede limitar proveedores disponibles.
- Investigadores y laboratorios: la tensión política puede endurecer controles sobre colaboraciones y datos compartidos.
- Reguladores: la disputa subraya la necesidad de criterios técnicos y transparentes para evaluar riesgos de la IA en el sector público.
- Ciudadanía: la discusión sobre vigilancia y armas autónomas recalienta el debate público sobre los límites éticos del despliegue de la IA.
En un escenario en el que las grandes empresas tecnológicas negocian contratos estratégicos con gobiernos, el caso entre Anthropic y OpenAI plantea preguntas sobre transparencia, influencia política y cómo garantizar que las salvaguardas anunciadas sean realmente efectivas. La disputa seguirá siendo un punto de atención para legisladores, contratistas y la comunidad técnica en las próximas semanas.

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