Radiación frena viajes interplanetarios: catedrático Javier Rodríguez-Pacheco

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La radiación que genera el Sol y la que llega desde la galaxia vuelve a colocarse en el centro del debate sobre la vuelta humana a la Luna y la futura exploración de Marte. Un investigador español con papel activo en la misión Solar Orbiter explica por qué estas partículas son el principal escollo técnico y qué precauciones ya se aplican en misiones como Artemis.

Javier Rodríguez-Pacheco, catedrático de Astronomía y Astrofísica en la Universidad de Alcalá, lidera uno de los instrumentos españoles a bordo de Solar Orbiter. Su trabajo aporta datos que no solo amplían el conocimiento científico sobre el Sol, sino que actúan como sistema de aviso precoz para proteger a las tripulaciones en tránsito más allá de la magnetosfera terrestre.

Riesgos reales para misiones tripuladas

Fuera de la atmósfera y del campo magnético de la Tierra, los astronautas pierden un escudo clave. La exposición a la radiación cósmica y a las partículas energéticas solares puede producir daños severos en la salud y en los sistemas electrónicos de una nave.

En misiones recientes —por ejemplo, las pruebas con la cápsula Orion— la medición de dosis se realizó con dosímetros personales. Es una herramienta útil para saber lo ya recibido, pero insuficiente para anticipar un aumento brusco por una eyección solar. Ahí es donde entran en juego las observaciones de sondas cercanas al Sol.

Solar Orbiter, que orbita mucho más próximo al astro, funciona como una «boya» de aviso: detecta incrementos de partículas y permite estimar si una tormenta solar afectará a una nave semanas o días antes. Los datos que generan estos instrumentos están disponibles públicamente y han servido ya para informar decisiones en otras misiones.

Protección: de inmediato y a largo plazo

Existen dos fuentes principales de radiación en el espacio: un flujo constante procedente de fuera del sistema solar y episodios puntuales relacionados con el propio Sol. Ambas plantean retos distintos para la exploración humana.

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Amenaza Características Medidas de protección
Rayos cósmicos galácticos Flujo continuo, difícil de bloquear; mayor presencia en periodos solares tranquilos Blindajes densos, materiales avanzados y planificación de misiones
Partículas energéticas solares Eventos breves y potencialmente intensos; pueden elevar dosis rápidamente Alertas tempranas (sondas), refugios con mayor protección dentro de las naves
Radiación en superficie lunar/marciana Exposición constante; temperatura y vacío agravan riesgos Uso de tubos de lava o construcción subterránea; cúpulas y materiales absorbentes

La lección histórica es clara: en 1972 una tormenta solar habría sido letal para un astronauta en traje extravehicular. Las misiones Apolo tuvieron la fortuna de evitar episodios de esa magnitud. Hoy, la estrategia incluye sistemas de aviso, zonas de refugio en las naves y la experimentación con chalecos y materiales que reduzcan la dosis.

¿Bases en la Luna? Primero, recursos

Para sostener una presencia humana prolongada en la Luna será imprescindible disponer de recursos locales, sobre todo agua. Los depósitos de hielo en regiones polares serían decisivos porque permitirían reducir la dependencia de envíos desde la Tierra.

En cuanto al diseño de hábitats, hay dos líneas en estudio: estructuras en superficie protegidas con capas de material que atenúen la radiación y el aprovechamiento de espacios naturales, como tuberías de lava, que ofrecerían una cobertura natural. Cada opción exige validación previa y pruebas en condiciones reales.

  • Si se confirma agua en regiones polares, la viabilidad de una base aumenta notablemente.
  • Las soluciones subterráneas son más seguras pero requieren tiempo y logística para explorarlas y certificar su uso.
  • Las cúpulas en superficie pueden acelerar despliegues iniciales, aunque con menos protección a largo plazo.

Meteorología espacial: una disciplina en crecimiento

La predicción del tiempo espacial aún no alcanza la fiabilidad de la meteorología terrestre, pero progresa. Contar con redes de sondas y modelos mejorados permitirá avisos más precisos para que las tripulaciones busquen refugio o pospongan actividades expuestas.

El objetivo es lograr pronósticos lo bastante robustos para misiones largas, como las previstas a Marte, donde no se puede esperar a una ventana de diez días: las travesías duran meses y la protección debe ser continua y previsible.

Cooperación y pasos medidos

El avance hacia la colonización no será un sprint. Rodríguez-Pacheco insiste en que la estrategia debe ser modular: validar tecnologías, realizar ensayos en órbita baja y ampliar gradualmente la complejidad de las misiones. Así se reducen riesgos antes de afrontar despliegues definitivos en la Luna o Marte.

Y, añade, la dimensión política y logística hace casi inevitable la cooperación internacional: compartir infraestructura, datos de observación solar y responsabilidades reducirá costes y riesgos para todos los participantes.

En el horizonte inmediato aparecen Artemis III y siguientes etapas del programa, ensayos de ensamblaje y verificación de sistemas que serán claves para las futuras caminatas lunares y para cualquier plan de permanencia humana prolongada. La radiación, concluye el experto, sigue siendo el desafío tecnológico y operativo más urgente por resolver si queremos que esos planes salgan bien.

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