Los últimos pronósticos meteorológicos colocan sobre la mesa la posibilidad de un nuevo episodio de El Niño que podría afianzarse entre la primavera y el verano del hemisferio norte y prolongarse en 2026. Si se confirma y resulta especialmente intenso —lo que algunos científicos ya llaman informalmente “Superniño”—, sus efectos combinarían con el calentamiento global para elevar las temperaturas mundiales y modificar patrones de lluvia a gran escala.
Qué muestran los modelos
Varios centros de predicción han actualizado sus simulaciones y sitúan la probabilidad de inicio del fenómeno entre mayo y julio en torno al 60 %. Esa ventana temporal es clave: las próximas semanas definirán si las anomalías térmicas en el Pacífico Ecuatorial consolidan una subida sostenida.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y organizaciones internacionales coinciden en que existe una posibilidad no desdeñable de que el calentamiento del océano persista hasta finales de 2026. Al mismo tiempo, agencias como la NOAA advierten sobre una probabilidad menor —pero relevante— de que el evento alcance una intensidad muy elevada, con anomalías locales de temperatura superiores a 2 °C en partes del Pacífico.
Expertos consultados señalan que, pese a las cifras, persiste una incertidumbre significativa: factores atmosféricos y variaciones en los vientos del Pacífico pueden todavía frenar o favorecer la evolución hacia un episodio fuerte.
Cómo actúa y por qué importa ahora
El Niño se produce cuando las aguas del Pacífico Ecuatorial se calientan más de lo habitual y ese exceso de calor altera la circulación atmosférica. Ese desplazamiento modifica la media térmica del planeta: años con El Niño suelen registrar temperaturas globales superiores a la media.
En el contexto actual, con el planeta aproximadamente 1,5 °C más cálido que en décadas pasadas, incluso una variación que antes habría sido moderada puede tener consecuencias amplificadas sobre olas de calor, patrones de precipitaciones y extremos meteorológicos.
Posibles impactos regionales
Las repercusiones no son homogéneas: se suelen notar con mayor fuerza en la cuenca del Pacífico y en partes de América, mientras que en latitudes medias y altas intervienen otros sistemas que pueden modular o enmascarar los efectos.
- Temperatura global: empuje al alza de la media anual; riesgo de años récord si El Niño coincide con la tendencia de fondo.
- Precipitaciones: aumento de lluvias intensas en algunas zonas de Sudamérica; incremento de sequías en regiones del Caribe y Centroamérica.
- Actividad ciclónica: alteración de los patrones de huracanes y tifones; algunas cuencas pueden registrar menos tormentas, otras cambios en su distribución.
- Agricultura y recursos hídricos: variaciones en las lluvias y temperaturas que pueden afectar cosechas y disponibilidad de agua.
Situación en España
La relación entre El Niño y el clima en España no es directa ni determinista. Nuestro país está condicionado por múltiples factores —incluido el Atlántico Norte— que hacen difícil establecer un vínculo claro y consistente.
No obstante, los especialistas admiten que un El Niño intenso puede favorecer ciertos patrones, como otoños relativamente húmedos en algunas ocasiones, y que la suma del fenómeno con el calentamiento global incrementaría la probabilidad de olas de calor más severas.
Qué esperar en los próximos meses
La clave estará en la evolución de las anomalías de temperatura y en las señales atmosféricas durante el verano. Si las condiciones se mantienen o se refuerzan, el evento debería profundizarse en otoño e invierno, con un mayor impacto sobre la climatología anual.
Mientras tanto, los servicios meteorológicos continuarán actualizando sus probabilidades y escenarios. Para la planificación pública y privada —gestión del agua, agricultura, planificación de emergencias— resulta relevante seguir esas previsiones, porque un El Niño fuerte podría condicionar temporadas enteras.
En síntesis: existe una posibilidad considerable de que El Niño reaparezca este año y, aunque la intensidad final aún es incierta, su interacción con el calentamiento global aumenta la probabilidad de meses y años con temperaturas anormalmente altas y cambios en los patrones de lluvia. La vigilancia de los modelos durante las próximas semanas será determinante.

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