Aznalcóllar: riesgo de contaminación minera vuelve a amenazar al Guadalquivir

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El vertido de Aznalcóllar de 1998 vuelve a centrarse en la agenda pública: un nuevo informe de ONG alerta sobre filtraciones persistentes y un plan de reapertura que, en su opinión, podría multiplicar por diez la carga tóxica en el Guadalquivir, poniendo en riesgo a Doñana, la agricultura y la salud alimentaria. Hoy, las decisiones de la Junta y de las empresas mineras determinan si esa amenaza se contiene o se agrava.

El 25 de abril de 1998 una rotura en la balsa de la mina de Los Frailes liberó una enorme masa de lodos que llegó hasta el río Guadiamar. Aquella avalancha química —con millones de metros cúbicos de residuos ácidos— provocó daños severos sobre la fauna fluvial, arrasó cultivos y obligó a montar una intervención de emergencia para proteger las marismas de Doñana.

La respuesta posterior incluyó la construcción de diques provisionales, una costosa limpieza que superó los 240 millones de euros y la puesta en marcha del Corredor Verde del Guadiamar como iniciativa de restauración. Pero, casi tres décadas después, expertos y ecologistas sostienen que la herida no está totalmente cerrada: la corta minera sigue drenando aguas ácidas que contienen metales pesados.

Aznalcóllar hoy

En su último informe, Greenpeace documenta descargas continuas desde la corta hacia los ríos Agrio y Guadiamar y advierte sobre un proyecto de reapertura que implicaría verter «más de 85.000 millones de litros» de aguas residuales al Guadalquivir. La ONG calcula que esa operación, sumada a la actividad de la mina de Cobre Las Cruces, podría incrementar de forma significativa la contaminación actual.

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El riesgo no es solo ambiental: estudios citados en el informe detectan concentraciones de plomo y arsénico por encima de los límites legales en pescados y mariscos de la zona, lo que afecta la seguridad alimentaria y la economía local —especialmente el cultivo del arroz, que ocupa unas 36.000 hectáreas en las marismas.

Ante esa perspectiva, Greenpeace y otras organizaciones han presentado recursos administrativos y judiciales para paralizar permisos y exigir una moratoria hasta que se realice una evaluación independiente y exhaustiva de riesgos.

Las consecuencias prácticas, según científicos y colectivos conservacionistas, son múltiples y acumulativas: acumulación de metales en sedimentos, transferencia a la cadena trófica, daños a especies protegidas y pérdida de empleo en sectores vinculados al turismo y la pesca.

  • Impacto ecológico: riesgo para hábitats de la Red Natura 2000 y especies emblemáticas de Doñana.
  • Riesgo sanitario: bioacumulación de metales en pescado y marisco comercializado.
  • Agricultura en peligro: posibilidad de contaminantes en arrozales y pérdida de valor productivo.
  • Responsabilidad empresarial: dudas sobre la gestión de pasivos por parte de los titulares de la mina.
  • Marco legal: recursos en curso que podrían frenar o modificar los proyectos autorizados.

Concepto Datos clave Situación actual
Vertido de 1998 Millones de m³ de lodos tóxicos; afectó decenas de km de cauce Restauración con creación del Corredor Verde; pasivo ambiental persistente
Coste de limpieza Superior a 240 millones de euros Intervenciones públicas y privadas; procesos judiciales prolongados
Nuevo proyecto minero Autorización que permitiría verter gran volumen de aguas residuales Recursos de ONG y solicitud de moratoria
Zonas en riesgo Doñana, estuario del Guadalquivir, arrozales Vigilancia científica; alertas sobre contaminantes en biota

Las decisiones que vienen (resoluciones administrativas, sentencias y planes de control) marcarán el rumbo a corto plazo. Las organizaciones ecologistas piden, además de la paralización temporal de proyectos, la creación de un comité científico independiente que evalúe los efectos sinérgicos entre vertidos actuales y futuros.

Desde el punto de vista regulatorio y ciudadano, la discusión tiene dos ejes: cómo gestionar pasivos históricos que todavía filtran contaminantes y qué límites —ambientales y de salud pública— se imponen a nuevas extracciones en cuencas sensibles.

En los próximos meses habrá que seguir de cerca las actuaciones de la Junta de Andalucía, las apelaciones judiciales y los estudios técnicos que determinen si las medidas propuestas son suficientes para evitar un nuevo deterioro del sistema fluvial y de Doñana. La lección de 1998 permanece: la restauración puede paliar daños, pero no borra la amenaza de que vuelvan a repetirse.

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