La NASA, bajo impulso de la administración de Donald Trump, prepara lo que sería la primera nave interplanetaria impulsada por energía nuclear eléctrica, con la mira puesta en llegar a Marte antes de 2028. El proyecto, bautizado SR‑1, busca demostrar en vuelo la viabilidad de la propulsión nuclear para misiones de gran alcance y, de paso, allanar el camino a futuras operaciones tripuladas.
La apuesta es técnica y estratégica: usar potencia nuclear en el espacio profundo permite transportar cargas mucho más pesadas que con energía solar y mantener operaciones de alta potencia donde los paneles ya no rinden.
Qué propone el demostrador SR‑1
SR‑1 se plantea como un vehículo experimental de propulsión nuclear eléctrica que no parte de cero. La NASA quiere aprovechar componentes ya desarrollados —en especial el módulo de potencia y propulsión (PPE)— y concentrar recursos en la integración del reactor, los sistemas de conversión de energía y los radiadores térmicos.
El resultado esperado es un impulso rápido del calendario y una reducción de costes al reutilizar tecnologías existentes en lugar de solicitar grandes fondos adicionales al Congreso, según explicó el responsable del programa.
Seguridad y supervisión: un requisito ineludible
Cualquier sistema que transporte material nuclear en un cohete debe someterse a una revisión exhaustiva. La evaluación pasa por la Interagency Nuclear Safety Review Board (NSABB), un órgano interinstitucional compuesto por distintas agencias federales que audita el historial de seguridad tanto de la nave como del lanzador antes de autorizar el lanzamiento.
Según los técnicos del proyecto, esa supervisión no sólo es obligatoria sino que marcará el calendario operativo: cada fase de pruebas exige evidencias de seguridad y protocolos de mitigación frente a incidentes.
La Luna como banco de pruebas
La agencia contempla utilizar la infraestructura lunar emergente como terreno de ensayo principal. Mientras se desarrolla una base en la superficie —con nuevas fuentes de energía, movilidad y capacidades de producción in situ— se desplegarían sistemas de potencia y propulsión nuclear en órbita lunar o en trayectorias translunares para validar su rendimiento.
La idea es escalar esa experiencia hacia misiones a Marte, no sólo en teoría sino con datos operativos acumulados durante años de funcionamiento real.
Trayectoria y objetivos en la misión SR‑1
El diseño final de la trayectoria y el destino de la nave, llamada provisionalmente Freedom, aún no está cerrado. Un plan de referencia plantea llevar una carga útil denominada Skyfall —un conjunto de helicópteros similares a Ingenuity— hasta las cercanías de Marte.
Desde ahí se barajan opciones variadas: un simple sobrevuelo, una maniobra de captura temporal o la continuación hacia objetivos más distantes. Pero el propósito central es otro: verificar el comportamiento del reactor y del sistema de propulsión en un entorno real y durante un periodo prolongado.
- Plazo previsto: lanzamiento antes de 2028, según la hoja de ruta oficial.
- Objetivo técnico: demostrar propulsión nuclear eléctrica sostenida en vuelo interplanetario.
- Activos reutilizados: módulo de potencia y propulsión (PPE) y otros hardware ya existentes.
- Supervisión: revisión obligatoria por la NSABB y otras agencias federales.
- Carga prevista: misión Skyfall (helicópteros tipo Ingenuity) para pruebas científicas y de soporte.
Steve Sinacore, técnico vinculado al proyecto, subraya que al contar con un PPE definido se reduce el reto de ingeniería, permitiendo focalizar recursos en la integración del reactor y en la gestión térmica, elementos críticos para un sistema nuclear en el espacio.
Desde el punto de vista operativo, la NASA quiere «explorar el envolvente» del sistema: es decir, probarlo hasta los límites de potencia, duración y radiación posibles para recabar datos que permitan diseñar con mayor confianza futuras misiones tripuladas a Marte.
La iniciativa tiene implicaciones prácticas inmediatas: acelerar la capacidad de mover grandes cargas útiles fuera del entorno de la Tierra, mejorar la eficiencia de las trayectorias interplanetarias y ofrecer una solución energética viable más allá de la órbita de Júpiter, donde los paneles solares pierden eficacia.
Aunque la tecnología aún requiere validación y la aprobación regulatoria es estricta, SR‑1 podría marcar un cambio de paradigma en la exploración espacial si cumple con las expectativas de rendimiento y seguridad planteadas por la agencia.

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