Hidrogel andaluz de algas y caparazones de gamba promete ahorrar agua en cultivos

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Un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla ha desarrollado un material hidroabsorbente y biodegradable —a partir de quitosano y alginato, extraídos de cáscaras de crustáceos y algas— que puede retener hasta 60 veces su propio peso en agua. El hallazgo llega en un momento crítico: promete reducir la demanda de riego y minimizar pérdidas de nutrientes en suelos sometidos a sequía, frente a los hidrogeles sintéticos de origen petroquímico que persisten en el medio.

El trabajo, publicado en Journal of Environmental Chemical Engineering, aborda tres desafíos agrícolas contemporáneos: escasez de agua, pérdida de fertilidad del suelo y uso intensivo de agroquímicos.

Cómo funciona y por qué es diferente

La novedad no reside solo en la materia prima sino en la fórmula: los investigadores han combinado quitosano y alginato sin recurrir a aditivos sintéticos. Mediante una entrecruzación iónica con calcio se consigue una **estructura estable** que evita que el material se desintegre al hidratarse, manteniendo la funcionalidad ciclo tras ciclo.

En la práctica, el compuesto se comporta de forma dual: cuando está seco actúa como una esponja porosa que absorbe agua; al humedecerse forma una red gelificada que libera la humedad de manera gradual según lo exige el suelo. Los ensayos de laboratorio muestran además que su estabilidad física se mantiene hasta los 40 ºC, un dato relevante para su uso en suelos expuestos a altas temperaturas.

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Aplicaciones agrícolas y siguientes pasos

Más allá de retener agua, el diseño permite una segunda estrategia de uso: incorporar nutrientes para su liberación controlada. Según la investigadora Carmen María Granados, la mezcla podría servir como vehículo para fertilizantes o micronutrientes, reduciendo la lixiviación y mejorando la eficiencia del aporte nutritivo en cultivos.

  • Capacidad de retención: hasta 60 veces su peso en agua.
  • Estabilidad térmica: funcionamiento comprobado hasta 40 ºC.
  • Biodegradabilidad: formulada a partir de compuestos naturales para disminuir el impacto ambiental respecto a hidrogeles sintéticos.
  • Potencial como fertilizante inteligente: posibilidad de carga y liberación paulatina de nutrientes.
  • Pruebas pendientes: evaluación en campo frente a variables como salinidad, acidez, biodegradación y ecotoxicidad.

Los autores ya confirmaron la viabilidad técnica de una mezcla 1:1 de quitosano y alginato en laboratorio. Ahora el equipo prepara ensayos en condiciones reales de cultivo para medir la eficacia bajo estrés salino y distintos pH, así como estudiar la descomposición y posibles efectos sobre organismos del suelo antes de plantear una producción industrial.

El proyecto ha recibido financiación regional, estatal y europea, vinculada a iniciativas de innovación en matrices proteicas para horticultura; ese apoyo será clave para avanzar desde prototipo a pruebas a escala.

Para agricultores y gestores de recursos hídricos, la propuesta ofrece una alternativa que combina ahorro de agua y menor impacto ambiental —siempre que los ensayos de campo confirmen su seguridad ecológica y su rendimiento económico—. En un clima donde la disponibilidad de agua se torna cada vez más limitada, materiales como este pueden convertirse en herramientas prácticas para adaptar la producción agrícola al cambio climático.

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