Incendios forestales en España: el peor año expone la ausencia de prevención

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El verano pasado el fuego arrasó más de 340.000 hectáreas en España; doce meses después, el sistema de prevención y extinción afronta la nueva campaña prácticamente sin cambios. Esa falta de avances pone en riesgo no solo bosques y pueblos, sino también la seguridad del personal que combate las llamas, en un contexto climatológico que adelanta la temporada.

Quienes trabajan sobre el terreno describen un engranaje fragmentado, condiciones laborales precarias y una planificación estival que no cubre el trabajo preventivo durante el invierno, lo que deja a los montes sin las labores básicas de mantenimiento.

Una red de responsabilidades deshilachada

La respuesta contra incendios se apoya en una mezcla de cuerpos públicos —agentes, técnicos y vigilantes— y cuadrillas privadas contratadas por diversas empresas forestales. En la práctica, esa heterogeneidad deriva en falta de coordinación y en roles poco claros.

Los efectivos sufren salarios bajos y jornadas que se extienden de forma irregular; muchas retribuciones rondan los 1.100 euros mensuales, con contratos temporales y escasa formación continua. La ausencia de planes de prevención formalizados por la administración ha dejado a equipos inactivos durante meses, mientras monte y matorral quedaban sin desbrozar.

Personal inexperto en situaciones de riesgo

Ante la escasez de plazas públicas, las administraciones recurren a personas en paro que aceptan incorporaciones temporales para no perder prestaciones. Al mismo tiempo, algunas empresas subcontratadas completan plantillas con estudiantes de verano.

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Estos refuerzos improvisados llegan a misiones de alto riesgo sin la preparación necesaria. Desde el terreno advierten que esa fórmula reduce la eficacia operativa y aumenta la probabilidad de incidentes. Además, la responsabilidad legal recae frecuentemente sobre el trabajador individual cuando ocurre una desgracia, lo que genera inseguridad jurídica entre los equipos.

  • Falta de planificación anual: tareas preventivas sin calendario ni recursos en temporada baja.
  • Precariedad laboral: contratos temporales, sueldos bajos y formación insuficiente.
  • Coordinación deficiente: mezcla de recursos públicos y privados sin un mando claro.
  • Riesgo humano: incorporación de personas sin experiencia por obligación administrativa.
  • Condiciones climáticas: fenómenos extremos que adelantan la temporada de incendios.

El clima ya ha cambiado el calendario

Expertos medioambientales recuerdan que incluso años con lluvia abundante pueden desembocar en temporadas catastróficas. El agua intensa no siempre se traduce en vegetación sana: el suelo puede quedar encharcado, la vegetación no asimila bien la humedad y sufre estrés hídrico, un factor que, unido a olas de calor, facilita que los incendios se inicien y propaguen antes de lo habitual.

De hecho, esta primavera las alertas por condiciones secas y temperaturas atípicas ya han adelantado la actividad de incendios, algo que especialistas describen como “un inicio de temporada más propio de junio que de abril”.

Consecuencias y urgencia de medidas estructurales

Sin cambios relevantes, las previsiones para los próximos años apuntan a repeticiones de episodios severos con costes ambientales y humanos elevados. En Castilla y León, por ejemplo, técnicos y agentes sostienen que se invierte en material —camiones, cámaras— pero no en formación, campañas de prevención ni plantillas estables.

Las implicaciones prácticas son claras: menos efectivos cualificados sobre el terreno, retrasos en la detección y respuesta, y mayores probabilidades de que los incendios escalen. Además, la improvisación en contrataciones complica la responsabilidad legal y la gestión de emergencias.

Qué está en juego

Más allá de la pérdida de bosque, hay impactos directos sobre:

  • Economía rural y ganadería.
  • Protección de la biodiversidad y suelos.
  • Seguridad de poblaciones y profesionales.
  • Capacidad de recuperación del territorio tras grandes siniestros.

Los responsables sobre el terreno piden, sobre todo, planificación continuada, plantillas estables y formación profesionalizada. Sin esas reformas, advierten, la próxima campaña podría repetirse con resultados tan devastadores como los de la última temporada.

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